enrique ponce
<< volver

07/03/2010 Olivenza (Badajoz)

Dos orejas para una gran faena a un 'zalduendo'

Balance: silencio y dos orejas
Ganadería: Zalduendo

Olivenza ha vuelto a ser escenario de una de las grandes faenas de Enrique Ponce. El torero ha vuelto a comenzar la temporada en esta plaza pacense demostrando que se encuentra en el mejor momento de su carrera, dejando bien claro que el paso de los años no hace más que dotar de solera su toreo.

Olivenza disfrutó del mejor toreo de Ponce en el festejo matinal. Si bien el torero no tuvo mucha opción en el primero de su lote, en el cuarto bordó literalmente el toreo con una faena en la que rozó la perfección.

A este toro comenzó toreándolo con mucho gusto a la verónica, rematando el recibo con medias de cartel de toros. En la muleta un toro colaborador propició una obra para el recuerdo. Ponce lo entendió a la perfección y supo corregirle incluso algunos de los defectos del buen Zalduendo. Pronto toro y torero fueron uno, dominando Ponce a la perfección la voluntad del animal.

La obra tuvo un pórtico extraordinarios con muletazos genuflexos y un toreo por bajo que rara vez se puede contemplar en tan pura expresión.

En esta faena fue clave el proverbial sentido del temple de Ponce. En ningún momento el toro le tocó los engaños, de modo que el toreo de Enrique creció hasta el infinito. Hubo series diestras y zurdas de gran profundidad, rematadas con extraordinarios pases de pecho enroscándose por completo la embestida del toro.

Una vez cuajado en el toreo fundamental, Ponce dio rienda suelta a su creatividad y surgieron muletazos de su amplio repertorio como el tres en uno -perfecto de ejecución- y la poncina, muletazo que ejecutó hasta en dos ocasiones. Fue una sinfonía completa, una apertura magistral de su temporada española.

El público de Olivenza se levantó en varias ocasiones de sus asientos ante el despliegue de arte del maestro de Chiva, que no quiso que la espada enturbiara tan claro triunfo. Mató de gran estocada y le fueron concedidas las dos orejas.

Con esta faena, Ponce se quitó el mal sabor de boca que le dejó el primero de la mañana. Este toro no colaboró nada y Ponce se tuvo que esforzar por sacar lo poco que se podía de un animal que no se prestaba al lucimiento. El mérito del torero fue precisamente hacer más de lo que se podía hacer con un toro de estas características. De haberlo matado a la primera quizá su esfuerzo hubiera tenido premio.

Fotos: Arjona

Foto miniatura Foto miniatura Foto miniatura Foto miniatura
Foto miniatura Foto miniatura Foto miniatura Foto miniatura
Foto miniatura Foto miniatura Foto miniatura Foto miniatura
Foto miniatura Foto miniatura


Todos los derechos reservados · Aviso Legal ·