| Una faena de las que no se adivinan
C.R.V.
Muy tímidamente, el primero apenas quiso salir al ruedo, haciéndose de rogar en la puerta de chiqueros. Toro que, como casi toda la corrida, hizo ascos al capote aunque apuntó humillación. Salida fría, toro frío en varas también, cumpliendo sin más y con buen son en el banderillas. Ponce se sobró con él. Fácil visto desde la grada, muy torero siempre, pero sin ese punto de emoción que pide Madrid. Excelso cambio de mano en el inicio de faena y tandas cortas, bellas y estéticas por el pitón derecho, mejor ligadas y rematadas que con la zurda. Dio pausas parsimoniosas al toro, nada sucedió con prisas. Duró poco el toro, y duró más porque el toreo acompañó y acompasó sin atacar, ora con los pies juntos al natural, o con la derecha. Una faena muy aplaudida con un buen cierre de obra por abajo.
Pero sin arrebato, porque no había lugar, como si sucedió en el cuarto, con más cuajo y peso pero menos ofensivo por delante, toro que se agarró pronto al piso, sin clase y con el que Ponce, buscándole las vueltas de forma clara, entregado, hizo una faena de esas que no se adivinan, aguantando parones, arrimándose, tirando del escaso fondo del toro. Una faena de calado más apasionado, exprimiendo lo que había a base de pundonor. 18 años de alternativa frente a uno que se apagaba. Un metisaca feo le privó de una oreja.
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