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Ponce, el mejor toreo sobre un firme valor
El valenciano no quiso dar una merecida vuelta al ruedo.
Juan POSADA
Madrid- Enrique Ponce dio una lección de lo que es el arte de torear. Perfecto en las distancias, en la colocación de la muleta y en el movimiento de la misma para acoplarla a la áspera embestida de su segundo toro. Todo ello, cimentado sobre un valor consciente que a su vez debe basarse en una afición desmedida. Si no fuera así, sería imposible jugarse la vida y cruzarse al pitón contrario con tanto arte torero. Un verdadero primor.
Ponce comenzó la faena al primero con muletazos por bajo y trincheras bien ejecutadas. La primera tanda con la derecha, en la que el toro repitió, resultó vibrante, igual que la siguiente, en la que la res se comía el engaño. Los naturales no tuvieron el buen son de los pases anteriores aunque los repitió en una segunda tanda, de igual resultado. Cambió a la diestra con cites de frente y los muletazos resultaron bonitos. Finalizó con buenos rodillazos y una trinchera. Faena técnica, sin alardes y también sin levantar clamores.
Con el cuarto, bravo pero con dificultades en la muleta, realizó una extraordinaria faena de auténtico maestro. Mostró la mejor técnica y acabó metiendo al toro en el engaño a fuerza de dejarlo puesto ante el hocico en las tandas con la derecha y con la izquierda. Se cruzó cuando tuvo que hacerlo y aguantó en los momentos precisos. En dos ocasiones, la res se le quedó debajo, en la misma bragueta, aguantó impávido hasta lograr finalizar el muletazo. Le limó todas las asperezas que tenía el animal, y al final, mandó en él, regustándose en sí mismo. Una faena para aficionados de verdad en la que le dio todas las ventajas al toro menos las técnicas, que son privativas del hombre, del torero. Una lección que significó lo más meritorio que se ha hecho hasta ahora en Las Ventas.
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